No te olvido.

Felicidades. Sí, felicidades por la parte que te toca a ti. Si me felicitase a mí mismo estaría siendo muy cruel. Es increíble que hayan pasado 3 años y aun siga recordándolo, ¿verdad?. Lo siento, pero es que hay heridas que nunca cierran. Pueden dejar de sangrar, pueden dejar de doler y puede que olvides que están la mayoría del tiempo. Pero de vez en cuando vuelven a abrirse y supurar. La herida de lo que pasó no se va a cerrar nunca.
Sé que debo seguir adelante y eso intento hacer, pero como bien te dije una de las últimas veces que hablamos, cuando intentas recomponer un corazón roto una y otra vez acabas perdiendo pequeños fragmentos hasta que nada acaba por encajar del todo y, bueno, acabas haciendo una chapuza que no sirve para nada. Me preguntaste aquella vez si había conseguido empezar de nuevo con alguien, supongo que para descargar tu conciencia... Me cuesta creer que seas una persona tan fría como fuiste.
No olvido que me dijeras lo que dijiste de olvidarme de mis sentimientos y alegrarme por vosotros justo después de hacer explotar la bomba en mis manos. No olvido que me llamases egoísta por decirte que "te quería" y que estabas pisoteando mis ilusiones con aquello. No olvido que me hicieras sentir tan miserable, feo y triste.
¿Sabes que no he rehecho mi vida desde aquello? No he sido capaz. Gracias a todo aquello se me ha osificado ese músculo roto y reparado hasta la saciedad. No he vuelto a ilusionarme con nadie ni he vuelto a sentir nada por nadie. Y lo peor de todo es que no quiero. ¿Sabes cuando a los perros que han maltratado sus amos les es imposible confiar en cualquier otro humano?. Eso me ha pasado por todo aquello. Y ahora siento más miedo al dolor que a la soledad o a no ser, llamémoslo así, correspondido. Tengo miedo de que alguien pase y me diga "ven", porque sé que no haría otra cosa que sospechar y cargarme la oportunidad... Y ya me he cargado unas cuantas porque soy incapaz de confiar.
¿Sabes? He llegado a un punto en el que me pregunto: ¿de verdad existió "lo bueno"? Porque, no lo niegues, hubo mucho de bueno y de especial. Pero de ti sólo ha quedado aquello. Una pena ¿verdad?... Al final solo importa qué huella has dejado.

Antes de irme quiero aclararte: no, hace mucho que ya no te quiero, pero tampoco soy capaz de olvidarte.

Ellos se van, tú te quedas

Hacía mucho tiempo que no escribía aquí, pero mi vida ha sido un camino monótono y casi de inercia estos últimos meses. Sin embargo, hoy, a estas horas ya de la madrugada, necesitaba escribir para exteriorizar sentimientos.
Acabo de llegar de la ceremonia de despedida de alumnos de segundo de bachillerato de mi colegio. Y en resumidas cuentas, cada vez lo llevo peor. El primer año estuve frio, no conocía a los alumnos y básicamente fue un trámite. El año pasado conocía de una optativa del año anterior pero no había, que digamos, muchos lazos de unión, salvo excepciones.
Pero sin duda este año me he emocionado, aunque ni he querido ni he podido exteriorizarlo ante ellos. Y es que, una de las cosas malas de pasar del lado de los que se van al lado de los que se quedan, sin ningún tipo de transición, hace que no te acostumbres muy bien al hecho de dejar volar a los pájaros del nido, por así decirlo. Y sé, y lo comentaba a un compañero, que cada año va a ser peor. Sobre todo porque, con cada nueva promoción que se marchará, hay cada vez más lazos afectivos.
La vida es así: ellos se van, tú te quedas. Tu labor queda ahí y esperas haber dejado algo que les estimule, que les aliente, que les haga salir cada día sin desanimarse ante las muchísimas dificultades que tendrán que enfrentar. Ahí quedas, en su pasado y volviendo la vista para vivir de recuerdos.
Y de repente, cuando los ves a todos con sus becas, trajeados y guapísimos te dan ganas de ir uno a uno y abrazarles y decirles al oido: siento mucho el día que te mandé tantos deberes sin importarme que al día siguiente tuvieras examen,  siento aquel castigo que te puse, siento aquel día que no estaba al 100%, siento aquel día que tú pagaste mi cansancio acumulado, siento aquel suspenso, siento aquel 6,75 que no redondeé a 7, siento mucho mis errores, siento mucho el no haberme acercado a hablar contigo ese día que te sentías mal... y así un largo e individualizado etcétera de disculpas seguidos de un: espero que seas feliz, espero que encuentres tu camino, espero que cumplas tus sueños, espero que nunca tengas que volver a llorar, espero que... muchas cosas sinceras y a corazón abierto. Desearía pasarme la noche hablando con cada uno y darles consejos y decirles que pase lo que pase, la vida, como escuché una vez en una película, "es tan bonita que parece de mentira", que disfruten cada segundo de su vida universitaria, que se relacionen y experimenten la gran satisfacción que supone el hecho de haberse convertido en alguien que ha abierto las puertas del mundo de par en par, que sepan administrar bien su tiempo porque, realmente, habrá tiempo para todo y que vivan un intensísimo "carpe diem" en esos años que, en mi caso, fueron los mejores de mi vida y que lo hagan así porque, realmente y como decía Quevedo, "hoy es ayer".

Sí, hoy ya es ayer. Y la gran crueldad de este mundo es ir dejando atrás todo lo que quisieras revivir continuamente, con sus ratos buenos y sobre todo con los malos, porque son los malos los que te han moldeado y como persona nunca se está terminado del todo.

Solo os deseo lo mejor. Lo mejor para cada uno de vosotros, que habéis formado una parte de mí y habéis contribuido a moldearme en este proceso inagotable de aprendizaje. Sí, digo bien, aprendizaje. Vosotros me habéis enseñado también a mí, aunque suene a tópico rancio. Lo que realmente cuenta al final de todo es la huella que cada uno ha dejado en el otro, no los temas, los exámenes y los resúmenes. Son esas huellas, esas muescas en la arcilla, las que hacen que tu vida, como un jarrón de artesanía, sea única y preciosa. Nunca lo olvidéis: sois únicos y preciosos siendo como sois. Todos vosotros.

Enhorabuena.