Fue un sueño... ¿o no?

*Para una mejor experiencia, se ruega a los lectores pongan como fondo la música del siguiente link, gracias* https://www.youtube.com/watch?v=us1C1DHoho4

Jamás me he permitido volver a recordar lo que sucedió aquella noche. Me prometí a mí mismo que lo olvidaría. Pero supongo que, en cierta medida, será terapéutico contarlo, si bien no es una historia agradable ni el relato está hecho para aquellos que sean impresionables. Se harían un favor a sí mismos cerrando esta página y buscando algo más complaciente con su ánimo.

No era una noche especial, ni un aniversario. Ni siquiera la típica noche de tormenta y lluvia. Era una noche de septiembre. Algo más calurosa de lo habitual, por lo que había que desprenderse en gran medida de sábanas y prendas para poder dormir con comodidad.

Y así hice. Me tumbé sobre la cama y esperé que el sueño hiciera presa de mí. Como era de esperar, me quedé dormido no sé en qué punto. Pero dormido estaba.

Algo me despertó de golpe. En varios segundos tuve la oportunidad de hacerme consciente de que aquello que me despertó fue el grito propio de los que se ahogan. Un grito a medias, se podría decir. Varios segundos después intentaba racionalizar el hecho y decirle a mi cuerpo que lo que había escuchado no era más que pura fantasía provocada por el sueño que acaba de repente. Y tras varios minutos que empleé a fondo en calmar mis latidos, volví a cerrar los ojos.

El frescor propio de la madrugada empezó a invadirme y decidí cubrirme con la sábana. Pero a los pocos minutos empecé a sentir que ese frescor se convertía en frío, un frío que se convirtió en helada. Una helada que solo se localizaba en una rodilla, la derecha. Extrañado por el hecho abrí mis ojos. El frio se esfumó de golpe. Aquel hecho me inquietó y volví a cerrar mis ojos. Pocos segundos tardé en volver a sentir ese gélido frío en mi mano derecha. Volví abrir los ojos...

Nada.

Mi mente racional había empezado a sucumbir a la sugestión. Al hecho primario de nuestro subconsciente que la racionalización científica de los hechos ata con firmeza. Me levanté de la cama y paseé por la habitación. Salí a la terraza y encendí un cigarrillo. Eran las 2 de la mañana. Sorprendentemente pronto. Más aun cuando se desea la luz del día con fuerzas. En el silencio me percaté de que los vecinos de arriba aun estaban despiertos. Al menos uno de ellos pisaba con paso lento. En el silencio de la noche, los pasos de un ratón se convierten en una suerte de taconeo.

Tiré el cigarro y volví a la habitación que tenía ahora una temperatura helada toda ella. El frío no era natural y menos cuando hacía unos 15 grados en el exterior.
Nada se movía, todo parecía haberse detenido en el tiempo. Ni un sonido más. Me tumbé en la cama y me decidí a dormir de una vez por todas. Mi espacio aun estaba caliente. Me aferré a él y me cubrí con la sábana, aquel frío no era natural. Estaba decidido a cubrirme con la colcha cuando fui incapaz de atraerla a mí. Como si algo la hubiese atrapado. Me incorporé para cogerla. Tiré de ella con fuerza. Una mano blanca, veloz y repentina la agarró.

Un grito se ahogó en mí y corrí gateando hacia la otra punta de la cama. Me encogí y sin parpadear, fijé mi vista en aquel lugar donde apareció aquella mano blanca. No pasaron más que unos pocos segundos cuando mi visión periférica notó un movimiento justo a mi lado... Tenía tanto miedo que no me atreví a mirar directamente. Pero allí había algo. Un rostro pálido me escrutaba sin parpadear. Una mirada tan negra y profunda que parecía no tener ojos y a pesar de ello me observaba... el rostro de una mujer sin ojos... Y entonces la miré directamente.

Desperté. Era ya de día. El sol entraba por mi ventana a raudales. Todo había sido una pesadilla. Yo había despertado de espaldas a la ventana... No... el sol no entraba a raudales. Una sombra se interponía en su camino.

Me giré y mi rostro se desencajó. Mi grito resonó en mi habitación.

En la ventana, colgando muerta de una cuerda, me miraba el rostro de una mujer sin ojos.

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