Historia de un beso

"Como diría usted: a ver cómo se lo digo, y a ver si por una vez soy capaz de decirle las cosas con naturalidad.
Yo creo que lo malo de la vejez es que llega sin avisar, un día cualquiera, de repente. Se que a mi no me queda mucho tiempo para que eso ocurra, aunque también se que no me va a gustar nada. De lo que estoy convencido es que a cada uno la decadencia le llega de manera diferente. Siempre he pensado que me iba a llegar poco a poco: se me irá la cabeza sin prisas, sin darme cuenta repetiré las cosas 3 o 4 veces y ya no sabré decirle que sus ojos tienen el color del sol reflejandose en un estanque. Con todo, querida Andrea, lo más aterrador de la vejez es que se sale uno de su época, aunque le parezca que siga viviéndola, pero no... no... Se vive en un tiempo anterior. Tu tren se retrasa minuto a minuto ante otro expreso mucho más rápido al que ya no puedes seguir... a ese tren rápido le llamamos vida. Aparentemento yo, querida Andrea, aceptaría su mundo, que es un mundo nuevo, lleno de curiosidad por todo, en continua evolución... ¡claro que lo aceptaría!.

Pero ya no podría incorporarme a él. Seguro que la música que a usted le gusta, no es ya la que me gusta a mi; o si todavía lo es, el momento en que nos gustaría escucharla o el volumen ya no coincidiría... y eso irá pasando con todo. Yo admitiría de buen grado, tal vez con algo de melancolía sus proyectos, ilusiones, entusiasmos... pero no podría adueñarme de ellos, hacerlos también mios... nuestros tiempos estan confundidos. Usted piensa que no hay atrás ni adelante... solo hoy. Pero ese su hoy, será mi ayer y en ese ayer, yo, tendría celos de su hoy, de su verdor, de su energía, de su juventud... y la agobiaría a todas horas y al final terminaría haciéndole la vida imposible, como siempre hace el amante que descubre que el ser amado ya no corresponde a su amor. La idea de que usted pudiera asistir a ese espectáculo no es que me avergüence... me paraliza.

Se que todo esto se lo tendría que haber dicho antes, pero ni he sabido ni he podido porque quería alargar el sueño... y porque no soy una persona valiente... y porque la quiero... te quiero tanto, Andrea, que no se si habrás notado que, ultimamente, en el mundo, apenas queda amor para nadie más..."