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Mostrando las entradas etiquetadas como Paranoias

De rebus nondum scriptis

Quería escribir sobre algo, pero no sé de qué. Me he puesto frente a una entrada en blanco y de inmediato he decidido dejar fluir la conciencia. Un ejercicio de escritura casi automática, pero menos inconsciente y más coherente, supongo y espero.  Mientras abría Blogger,  me he preguntado "¿de qué quieres escribir hoy?". La tentación es volver a lo de siempre, al tema clásico y manido del amor. Profundizar una vez más en la abstracción, en la metacognición, en la (ausencia de) experiencia en ese campo y en el deseo (obsesivo) de lograrlo. ¿Merece la pena? ¿Otra vez? Ya ni lo sé.  Podría escribir sobre otro cliché resumido en una frase que escuché hace tiempo ("lo que realmente cambia nuestra vida es eso que nos sorprende una anodina tarde de martes cualquiera") y cómo todo en lo que creía y sentía seguro empezó a tambalearse, a derrumbarse. Muchos conocéis esa sensación, estoy seguro. No es agradable, pero he aceptado, creo, que es parte de la vida y que la mía ha ...

Wish you were here

Es sábado por la noche, otro sábado por la noche más. Otro sin planes. Las 22:30 de la noche. Tengo una lista de reproducción de Spotify en aleatorio con música a un volumen bajo. La música no es animada, he de reconocerlo. Es la música que uno se pone a escuchar un sábado por la noche, en casa, sin planes. Miro por la ventana. Al fondo, este Madrid de siempre. La música mantiene ciertos pensamientos a raya, pero cuando suena la canción equivocada, se libera la nostalgia como si se abriera una presa... Reconozco esa canción en los primeros acordes: "Wish you were here"-Pink Floyd. Noto crugir el portón mental. Una gota se convierte en regato, el regato en chorro, el chorro en manga, la manga en furia de agua libre. Elijo pensar. Activo la repetición de la pista. A veces, es bueno dejar salir el agua. Ojalá estuvieras aquí. Tú, que ni siquiera sé si existes o exististe: ojalá estuvieras aquí. Simplemente sentado junto a mí, observando ese Madrid, distinto y el mismo, y ...

Resaca

Lo curioso de las olas es que llegan y se van, llegan y se van. Hasta cierto punto, esta noche, a pocos días de cumplirse un año de la última entrada, reflexiono sobre cómo la vida se ha ido moviendo muchas veces con la misma cadencia de vaivenes. Es hermoso ver llegar una ola estando en pie en la playa. Uno se pregunta cuando la ve venir si tendrá más fuerza de lo que parece, si salpicará más de lo esperado... Y aun se está en esas cuando la ola llega, moja las puntas de los dedos, penetra entre sus intersticios, se encabrita por el empeine y abraza el tobillo. A veces, especialmente cuando es la primera que recibes estando seco, impresiona por el frío, piel de gallina y todo eso. Se va notando el agua correr hacia atrás, se frena, se para un instante y vuelve, despacio al principio y luego aceleradamente. Y en su camino los pies se hunden en la arena con un cosquilleo fresco. Y cuando la ola se ha marchado, pasando a formar parte nuevamente de la inmensidad, lo único que queda de e...

Esperar…

De repente, me siento cansado de esperar. ¿Esperar qué? supongo que esperar que algo cambie. Todo sigue igual a pesar de haber movido los cimientos. Por mucho que reflexione en lo que mi terapeuta me recuerda una y otra vez (todo lo logrado y lo increible que es) me cuesta verlo. Lo sigo viendo todo igual porque, realmente, fuera de mí nada ha cambiado. ¿Qué esperaba? Algo... y cuanto más miro, menos veo. Y, no sé... la constante sensación revoloteante de que nunca es suficiente, haga lo que haga, estoy condenado a ello: nunca ser suficiente. Ni siquiera algo. Todo avanza a mi alrededor y yo llevo perdida la cuenta de los años en que todo freno, de golpe. Y esperaba que dar tantos pasos cambiase algo, pero nada. Estoy empezando a considerar que esperar ya no es que sea un espejismo, es que es cruel. Tener esperanza es muy cruel cuando no hay nada. Me siento triste, pero quizá más que triste me sienta muy cabreado. Llevo días en los que no soy capaz de sentir otra cosa que no sea frustr...

Reflexiones irreflexivas sobre violencia simbólica y la bandera LGBTIQ+

  Sólo para que quede claro: El llevar una bandera del orgullo LGBTIQ+ no te identifica como miembro del colectivo, sino como militante en la lucha por el Derecho Humano más básico: existir, o sea, tener una identidad propia y libre. Quitar una bandera arcoíris o prohibir explícitamente que se exhiba es un acto de violencia simbólica que mancha ipso facto a quien lo obra y a quien lo consiente con su silencio u omisión. Pero ¿qué es violencia simbólica? Según Bordieu es aquella en la que un ente  dominador ejerce violencia indirecta en contra de unos entes dominados. Al quitar esa bandera, que representa la libertad de tener una identidad NO impuesta, por ende, se está reconociendo abiertamente  como ente dominador una identidad frente a otras, y, por lo tanto, estas últimas son rebajadas porque, y aquí llegó por fin el concepto, no son “normales”. Como no son normales, etimológicamente, no pertenecen a la norma y todo lo que está fuera de la norma no debe existir, o se...

φοῖνιξ

Hace años, cuando este blog era el de un post adolescente, me consideraba un fénix; ya sabéis, el ser mitológico que tras morir renacía de sus cenizas. Lo usé hasta la saciedad, hasta convertirlo en un cliché. Y, como todo buen cliché, suena repetitivo, absurdo, ñoño, cansino. Un lugar común al que me aferraba, vaya, y que perdió su sentido.  Creo que nunca había sentido lo que significa realmente renacer de las cenizas, o quizá sí lo sentí y al dejar de sentirlo durante años perdí la referencia.  Básicamente siento... campanas. ¿Cuál es la sensación equivalente, y NO es euforia, a sentir un campanario atronando? Seré sincero: durante años fui encerrándome, me fui perdiendo en mí mismo hasta olvidarlo todo. Olvidé quién era, me aislé. ¿Motivos? Bueno, los hubo, solo hay que remontarse esos años atrás y extraer conclusiones (o lanzarse al vasto campo de la imaginación y teorizar, lo que me parece divertidísimo cuando me cuentan esas teorías. Solo que, si os lanzáis a teorizar, ...

Otro año más.

Un axioma de nuestra estancia en este mundo es que el tiempo pasa. ¿Cruel? No, simplemente es la vida. Y aquí estamos, otro año más. Haciendo balance de lo que hemos dejado atrás en los últimos meses. Me pregunto, o al menos me sigo preguntando qué sentido tiene volver una y otra vez en lugar de cerrar. Y la respuesta siempre es la misma: supongo que aún hay un lazo de lo que este sitio supone que no quiero cortar, porque cortarlo sería renegar de toda la singladura que me ha traído hasta aquí hoy y que me seguirá llevando. Durante los últimos meses he pensado mucho en ello (no en cerrar el blog, que al fin y al cabo es anecdótico como parte de todo esto, me refiero a la importancia de no renegar de lo que fui) y mis sesiones con un psicólogo (sí, finalmente me he animado y, la verdad es que me pregunto por qué no las he empezado antes) muchas veces han tratado de ello. Pero quizá, hasta ahora, lo de no renegar no llevaba a nada más que a vivir en la nostalgia de lo que ya fue y no vol...

Suposiciones

 Supongo que llegó un punto en el que estallé y dije “ya vale”. Y que eso me llevó a coger un camino que me está llevando a un sitio más… no sé si puedo decir feliz, pero, por ahora, un poco lo es. Aunque sea por la satisfacción de ciertas vanidades que veía lejanas. Dado que hace dos años que publiqué mi última entrada hablando de mí mismo, podría haber titulado esta entrada “dos años después”, pero no podría haber evitado la tentación de apostillarlo con “frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo” y, desde ahí, haber trenzado una suerte de alegoría torticera en el que mi antiguo Macondo habría sido barrido por un huracán de olvido, el matriarcado de los primeros Buendía habría sido reemplazado por el matriarcado de una serie de virtudes temporales y espirituales y un Melquiades de conciencia hubiera arrastrado a un José Arcadio Buendía a alquimias más mundanas todavía. Y lo he...

Toda una vida

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 No hay más mundo que el que se encerraba en aquellas cuatro mínimas paredes. Nada importa más que esta noche, este momento, esta luz frágil… este baile. “Toda una vida te estaría mimando, te estaría cuidando, como cuido mi vida que la vivo por ti”- susurraba en mi oído mientras nos movíamos al ritmo de Machín. Solo quería llorar, tras tantos años, solo quería llorar y acariciar su rostro surcado de tiempo y espacio.  A pesar de ello, reconoció mi mirada y sonrió, igual que su mirada me reconoció la primera vez que se cruzó con las mía en aquel mundo gris que parecía querer acabarse cada día, sin alicientes… Estabas tan guapo con tu uniforme del ejército… tú me decías lo mismo, pero tú estabas más guapo. Las guardias hicieron el resto, historias de la “mili”, lo llamaban. Salvo que esta no la podíamos contar cuando se acabó y cada uno nos fuimos por nuestro lado en aquel Madrid tan gris. Jamás le confesé las ganas que tenía de llamarle en cuanto llegué a casa y arrojé mi petat...

Así que ¿ya no tienes miedo? Entonces eres libre.

Todos tenemos derecho  una catarsis, a una revelación, a una epifanía a una anagnórisis que lo cambie todo y te reconcilie contigo mismo, con el ser que habías llegado a odiar. Solo que, a veces, esa catarsis no llega rodeada de luz, pólvora, truenos y sinfonías angelicales o grandilocuentes. A veces solo llega con un gesto tan simple y a la vez tan complicado como mirarse a un espejo. Lo cierto es que hasta ahora he llevado una vida más o menos cómoda, con altibajos. Conforme pasaba el tiempo, más cómodo me sentía, pero hay veces en las que cae un rayo, otras en las que un golpe de sangre te para el corazón, otras en las que un zarpazo te golpea la cara y te tira al suelo. En ese momento pude elegir poner la otra mejilla, pude elegir contratacar, pude elegir quedarme llorando en el suelo. ´ Mi elección ha sido otra: levantarme y seguir caminando. Voy a caminar hacia otro lado y a buscar en otra parte lo que, enarbolando el miedo, las mentiras y la impostura, se me...

Alegoría de los Senescales Altivos.

"Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si en algún lugar no os reciben y no os escuchan, marchaos de allí sacudiéndoos el polvo de la planta de vuestros pies en testimonio contra ellos". Marcos 6, 10-11 ¿Quién eres tú?-escuché con voz potente desde el rincón más oscuro de la noche- ¿Quién eres tú?-insistí yo. -YO SOY y ante ti dispondré y actuaré conforme SOY. En ese momento me sentí atrapado por una ola. Fui transportado a un mundo más allá del mundo. Una dimensión más allá de la gnosis. De repente me vi rodeado de los muros de un castillo con cinco puertas. Vi legiones enteras de caballeros entrando por la puerta del sur y saliendo a las batallas por la misma. Solo que a medida que cada vez menos volvían de las batallas. Y en el interior del castillo una sala de madera roja y al fondo el señor del castillo envuelto en el humo de negros incensarios. Los caballeros volvían de sus batallas y rendían homenaje a su señor, en su trono de madera ...

Es la hora: estáis preparados, estoy preparado.

Hacía bastante tiempo que no actualizaba este blog, pero, francamente os digo que ha sido algo muy intencionado. Quería reservarme para este post. Un post especial y profundamente sincero. Hay cosas que, en el master de profesorado, no enseñan. Y una de ellas es cerrar una etapa. Este viernes tiene lugar esa ceremonia en la que se dice adiós a otro grupo más de 2ºBach. Ya he expresado más veces lo que para mí significaba ese hecho y lo orgulloso que me sentía de los "graduandos". Esta vez es diferente. Los alumnos a los que el viernes despedimos (a medias, todavía faltan finales y algunas clases de pre-PAU) son para mí especiales. Fueron los primeros a los que acompañé desde 2ºESO. Los he visto crecer, muy a mi pesar, salvo dos o tres casos, de ser yo el que les sacaba una cabeza, a ser ellos los que me saquen una... e incluso dos. No miro a nadie. E incluso con algunos he tenido clases desde ese 2ºESO hasta 1ºBachillerato. Qué pena y a la vez qué alivio de no haberos teni...

Esas escaleras

Me robaste una parte de mí en esas escaleras. Te pediría que me la devolviese si tuviera el valor de volver a hablar contigo. Es que aun recuerdo de lo que hablabas... qué mal. Recuerdo el camino a casa. Recuerdo el frío de la noche de marzo y mis brazos con la piel de gallina. El olor a brisa del páramo. Tu peinado, tu perfume... qué mal. No te confundas, ya no siento nada por ti, pero me gusta recrearme en ese recuerdo cuando llegan estas fechas. Al fin y al cabo, aislándolo de lo que pasó unos meses después, es un gran recuerdo, un recuerdo precioso. A veces me gustaría revivirlo, pero creo que lo mejor de los recuerdos es que son recuerdos. Es de los pocos que creo que no he desvirtuado y permanece muy puro, muy fiel al hecho original. Tu y yo en esas escaleras. Bueno, sobre todo tú sin parar de hablar y yo sin parar de asentir. Y luego el largo camino que acabó en un beso de los que se imprimen en los labios para siempre. No es un recuerdo triste, ni que me entristece, de hec...

Esperanza cruel.

Pierdo el sonido de tus pisadas alejándose. Cada vez es más imperceptible el murmullo crujiente de tus pasos en la tierra nevada... ya no están. Me he quedado aquí, esperándote en vano. Ya te has ido para no volver. Estoy sólo en esta especie de plazoleta. A lo lejos el sonido de una fuente aun encendida, a pesar de las altas horas de la madrugada. Sólo una farola ilumina esta plaza y en contraste con la luz amarilla, copos de nieve gruesos. Caen lentamente, como plumas. No sopla ni una pizca de viento. Hace mucho frío. Tomo plena conciencia de que estoy total y absolutamente solo en este paraje. Ni siquiera el sonido de un coche en la lejanía... nada. Te has ido para no volver y he olvidado tus últimas palabras. "Estás bien, estás bien"-me repito- "Has sobrevivido, estás bien" No lo estoy, no estoy en absoluto bien. Pero aun así continúo con esta farsa: "estás bien" No lo estoy. Pero no voy a dar mi brazo a torcer ni mucho menos voy a exterior...

Fue una vez, en un sueño

No sé quién eres tú, pero sé perfectamente quién soy yo: el rescoldo frío de unas llamas que una eternidad hace que se apagaron. Unos copos de nieve de enero que caen en tierra yerta. Se deshacen y son olvidados por quienes jamas los han visto. Fue una vez, en un sueño, que fui feliz, que el sol no me producía asco y las nubes traían vida y no nostalgia. Porque yo amé y fui amado. No siempre tuve el corazón de piedra ni jugué a ser el antagonista de toda historia. Una vez, en un sueño, yo fui uno de vosotros. Tan alegre y enamorado del mundo, de la vida... de... tu nombre produce grietas en mi piedra, eres impronunciable. Una vez, marzo olía a tierra mojada y el ocaso de un mes de abril sonaba como mil campanas repicando a la vez. Y los noches frías no existían, ni las mañanas automáticas, ni las tardes cansadas. Sólo existías tú, existíamos los dos. Pero dejé de ser uno de vosotros y me convertí en un villano que desea el mal, que usa su magia para clavar espinas envenenadas en ...

Tres lágrimas. "Y" y "P"

Y-¿Quién anda ahí? P-Ya lo sabes Y- (RESIGNACIÓN) Vaya... ocultarte entre las sombras de la noche y que un breve rielar de luna te ilumine. Una efectista puesta en escena, incluso para ti. ¿no crees? P-Tan efectista como tu brusca desaparición... Y- (SE LEVANTA DE LA CAMA) Bueno, algo me dice que esta va a ser un diálogo bastante intenso... Tu té era igual que el mío. (PAUSA) P- ¿Bolsitas de té de supermercado? Veo que hemos bajado el listón. Y- Apenas tomo té desde que nos dejamos de ver... Siéntate frente a mí. Ya que hemos empezado esto como una escena de cine, hagamos honor al cine y continuemos así, lanzando guiños a películas. P- (SORBO DE LA TAZA)  Está bueno para ser de esta marca. Aunque no es té, es infusión. Vaya decepción. Y- (DURO) Ya sabes que no es justo criticar a un anfitrión que no esperaba tu visita... P- Has aprendido a ser más cínico desde la última vez...(PAUSA)...  ni se me esperaba ni se me quería. Y- Creía que íbamos a rodear el tema con m...

El mundo es un lugar ajeno.

Camino solo. Es noviembre y es mejor resguardarse del frío, por lo que aprieto el paso. Estoy en una de esas horas en las que se espera que la noche te sorprenda mirando un escaparate o una madre columpiando a su hijo. Un niño sonriente parapetado en mil prendas de abrigo. No voy a renunciar al placer de atravesar un parque para abrirme paso entre las hojas caídas. A veces pienso en que las hojas tienen su dignidad y les molesta ser empujadas y pisoteadas y que, por eso, crujen de rabia. Hasta el sol parece perezoso en estos días. Ni siquiera molesta de frente. Pues bien, mejor seguir caminando y dejarse de reflexionar estúpidamente sobre las bondades de tu estación favorita... chico, hasta para eso eres raro. Todo el mundo ansiando el verano y el calor y tu lo detestas. Lo detestas porque todo es calor, sudor, alegría y fiesta. Soy raro, odio esas fiestas cuya única excusa es beber, beber y beber. Y oye, no soy falso, soy el primero que agarra una botella de ginebra y no la suelta...

Daydreaming

Es curioso cómo el tiempo se acelera cuando estás en un lugar familiar, un lugar en el que te gusta estar. Y aquí estoy, otra vez en la casilla de salida de un nuevo curso ilusionante y, como siempre, con temores de muchas cosas. Han sido unas buenas vacaciones, bien aprovechadas al menos. He descansado y he pisado lugares que hacía años no pisaba y me apetecía volver a pisar: Mérida, Guadalupe, la ruta de los pantanos... Y el cementerio... sí, el cementerio. Ese lugar donde todos nos reencontraremos en unos años. A mí me parece un lugar de lo más inspirador. Un lugar que, al contrario de lo que nos parece a todos, a mí me inspira ganas de vivir. Un cementerio es un lugar donde los que reposan en restos te gritan en silencio que estás llamado a VIVIR. Siempre que he ido me fijo en nombres, en fechas, en fotos y siempre acabo pensando en la cantidad de historias que dejaron atrás, en las palabras que les faltaron por decir, los recuerdos que se llevaron a la nada. La reflexión más g...

27

No haré grandes discursos, no diré frases memorables que intenten sonar a historia personal. No haré menciones ni nada parecido.  Sólo decir que a estas horas ya he cumplido los 27. Ya es 8 de Agosto. Uno tiene siempre la tentación de mirar atrás en lugar de hacia delante.Y sinceramente, creo que lo mejor ya lo he dejado atrás. A medida que mi edad se acerca más al tercer dígito voy dejando atrás mi juventud más alocada. Ojo, no he dicho que no me quede nada por vivir, sino que tengo la sensación de que el techo ya está tocado en cuanto a experiencias gigantes.  Lo bueno de tener tan bajas expectativas respecto a lo que ha de venir, es que si realmente viene algo grande, lo disfrutaré el cuádruple, y por otro lado si no viene, no me veréis llorando por las esquinas y quejándome de lo amarga e injusta que es la vida. No es mi estilo, ya no al menos.  Por eso creo que es mejor conservar las expectativas bajas. Pero esto no es motivo de tristeza, no al menos para mí. ...

Tu fantasma

Hace mucho tiempo que tu imagen no vuelve constantemente a mi cabeza, ni ronda mis sueños, ni se interpone en mi trayectoria. Que duros fueron los muchos meses en los que a cada paso que intentaba dar, tu imagen, congelada con la sonrisa de la última vez que nos encontramos a solas, se interponía. Me resignaba en mirar para otro lado y volvías a aparecerte. No me dejabas. Simplemente querías vivir en mi recuerdo y yo olvidarte. Probé a visitar la tumba en la que te enterré y en lugar de desaparecer, reapareciste con un mayor efectismo. Parecía que allí, frente a tu lápida, se proyectaron a la vez todos y cada uno de los momentos íntimos que vivimos. Las madrugadas en las que no podía dejar de mirar tu imagen desnuda a contraluz. Los paseos, las charlas, los helados y los parques en el final del invierno. ¿Por qué pisaste tan profundo? Y a pesar de que, con el tiempo, la cicatriz ha ganado a la postilla y a los restos de sangre coagulada, aun, muy de vez en cuando, como hoy por ejemp...