Tu voz. Romeo Murga


Tu voz, eso es lo que amo,
  más que tu corazón y casi más que a ti;
esa cosa invisible que sale de tus labios,
y junto a mis oídos, triste, viene a morir;
  esa cosa tan dulce con que tú me respondes
  y con que aquella tarde me dijiste que sí.

Tu voz, eso es lo que amo. ¡qué bonita es tu voz!
  Más que tu cuerpo todo y más que toda tu alma.

¡Qué manera que tienes de embellecer las sílabas,
  gotas del encantado surtidor de tu charla!
¡como vibra en el aire la música pequeña
de tu voz, perfumada de evocaciones claras!
¡Con qué dulzura pende de tu boca graciosa
en invisible y diáfano rosario de palabras!

Tu voz, eso es lo que amo;
el eco triste y trémulo de tu alma triste y trémula;
eso que cuando callas, se aleja hacia la sombra,
y cuando vas a hablarme, desde la sombra llega.

Amo tu voz, tan tenue como la brisa que pasa
rozándole los pétalos al clavel de tus labios,
y otras veces tan ruda, que al escucharla ha sido
como si un viento ronco me desbaratara el alma.

cuando tu voz me canta, bella fuente escondida,
se hace alegre la turbia tristeza de mis tardes.
Amada, no me pidas que te bese en la boca;
tu boca es para hablarme.
No quieras que te colme de efusión amorosa;
yo soy para escucharte, solo para escucharte.

Háblame siempre. Siempre, menos en mi agonía,
porque si en esa hora tu voz me acariciase,
ya la gloria de Dios no me sabría a gloria,
y encontraría débil el coro de los ángeles.

Tu fantasma

Hace mucho tiempo que tu imagen no vuelve constantemente a mi cabeza, ni ronda mis sueños, ni se interpone en mi trayectoria.
Que duros fueron los muchos meses en los que a cada paso que intentaba dar, tu imagen, congelada con la sonrisa de la última vez que nos encontramos a solas, se interponía. Me resignaba en mirar para otro lado y volvías a aparecerte. No me dejabas. Simplemente querías vivir en mi recuerdo y yo olvidarte.
Probé a visitar la tumba en la que te enterré y en lugar de desaparecer, reapareciste con un mayor efectismo. Parecía que allí, frente a tu lápida, se proyectaron a la vez todos y cada uno de los momentos íntimos que vivimos. Las madrugadas en las que no podía dejar de mirar tu imagen desnuda a contraluz. Los paseos, las charlas, los helados y los parques en el final del invierno. ¿Por qué pisaste tan profundo?
Y a pesar de que, con el tiempo, la cicatriz ha ganado a la postilla y a los restos de sangre coagulada, aun, muy de vez en cuando, como hoy por ejemplo, tu fantasma rodea mi cama cuando duermo, me despierta y se queda mirando con su sonrisa, mejor dicho, tu sonrisa congelada en el tiempo.
-No voy a pedirte perdón, no puedo pedirte perdón. Fuiste tú quien decidió irse- me atrevo a decirle- No puedo pedirte perdón habiendo sido tú quien me destrozó... me hiciste tanto daño.
Sigues frente a mi sonriendo. No es una sombra con forma humana, es un cuerpo humano con forma. La luz de un coche fugaz ilumina esa sonrisa.
-Sé que estás bien, estás en paz a pesar de todo... pues déjame en paz, por favor. Deja de perseguirme y déjame rehacer los restos de lo que un día fue mi vida. Cada vez que apareces los cimientos que he reconstruido vuelven a agrietarse.
Intento interpretar tu sonrisa y cada posibilidad es más descorazonadora: ¿significa que estás en paz? ¿significa que todo es una broma? ¿significa que te reíste de mí... y sigues haciéndolo?
Cuando apareces lo único que puedo hacer es meter la cabeza entre las rodillas y esperar a que te canses y te vayas. Funciona pero vuelves con frecuencia irregular a aparecerte a las pocas semanas. Desde hace tiempo sólo de noche. Quizá tu fantasma es una proyección de mi imaginación en los momentos en los que todos los pensamientos se agolpan en la puerta de los sueños buscando ser soñados.

Y todo acaba siendo producto de mi imaginación (I think last night, you were driving in circles around me)... como el hecho de convencerme de que, para olvidarte, aun estando con vida te creo cadáver.