Qué sé yo...

Cuando el rayo suena, poderoso
En poniente. Las luces del alma afloran.
Nada es lo que parece entre vientos
De escasa armonía y tejas sanguinarias,
Entre las voces de los que no nacieron,
Entre los sueños de los que no soñaron
Nunca.
Te alzas solemne, como el
Pájaro que espera la medianoche,
Con los latidos crepitantes de
Un amante fugaz e inocuo.
Y el rayo cae en la tierra con voz
De disculpa dada, de muerte en vida...
De destierro de los sueños que nadie
Soñó jamás. Eres culpable: arrepiéntete.
Arrepiéntete de las largas noches
De verano en ñas que el suelo resbalaba
Por tus pies, ser seráfico.
Eres culpable... Sn serlo:
Arrepiéntete, dice tu dios.

El mejor regalo de cumpleaños que he tenido.

Hoy ha hecho dos años de aquel 3 de agosto: raro, inesperado y profundamente cargado de nervios.
Dicen los mayores que "no se cierra una puerta sin que se abra una ventana". Algo así como decir que aunque pase algo muy malo, puede venir una situación que lo alivie. Aunque lo mío no podría considerarse alivio, sino algo muy bueno que ensombreció a lo muy malo. Sólo hubo una diferencia de 2 meses y algunos días con ese algo malo.

Por aquel entonces estaba profundamente amargado, sí, sí. Amargado. Hacía algo que no me gustaba en absoluto: daba clases particulares. Y ya os podéis imaginar que no hay apenas gente que vaya a clases particulares de Lengua. Ésta es la forma diplomática de decir que sólo tuve una alumna. Y bueno, creo que mis padres nunca entendieron lo profundamente amargado que me sentía haciendo eso y ellos insistían en que lo hiciese. Ellos decían "bueno, por lo menos sacas algo de dinero"... si os digo la mierda que tenía que cobrar. Bueno, os lo digo: 50 euros al mes por una hora y media de clases particulares los 5 días de la semana... y aun así decían que era caro algunas madres de esas que tienen mucho para comprarse ropa carísima pero qué poco tienen luego para otras cosas más importantes. Y claro, os podéis imaginar la cosa: matarte a trabajar para que ni siquiera te compensara económicamente, ¿consecuencia de tal hecho? estar amargado.

El 2 de agosto de 2010 era otro día más. Atendía a aquella chica... antes de seguir, sé que probablemente  no lo lea, pero quisiera pedir perdón a aquella chica por el desplante que le hice...

Como iba diciendo el 2 de agosto de 2010 era otro día más. Atendía a aquella chica de 11 a 12,30. Recuerdo que tenía el movil siempre conmigo porque había echado, y esto es cierto, la friolera de más de 1000 currículums en colegios privados y concertados de toda España y algunos incluso en el extranjero. Llevaba meses esperando que alguien llamase y nada. Aquel día iba a ser otro "nada". Pero recuerdo que estaba explicando las oraciones subordinadas adverbiales a mi alumna cuando sonó el teléfono. Un teléfono que había comprado hacía menos de 1 semana con el programa de puntos y la mitad del "sueldo" por las clases particulares. Sonó el teléfono. Un número con prefijo 91. Estaba claro que era de Madrid. Salí corriendo al patio de mi casa y lo descolgué. Había algo dentro de mí que sabía que aquello podía ser la llamada que estaba esperando.

A mi tímido "¿sí?" al descolgar respondió una voz grave, solemne y con acento extraño. Se presentó. Era el director del Colegio Internacional Pinosierra. Me llamaba para concretar una entrevista de trabajo conmigo aquel mismo día. Me senté y encendí un cigarro apresuradamente. Me estaban temblando las piernas. Mi madre se asomó al balcón que da a ese patio y escuchó lo que hablaba. Obviamente aquel día no podía ser, estaba a 4 horas en autobús de aquel lugar y los horarios de transporte público para ir a Madrid son lo que son. Le pregunté si podría posponerse esa entrevista hasta la mediodía del día siguiente. Cuando aquel señor volvió a hablar identifiqué su acento: claramente canario. No había ningún problema. Por curarme en salud acordé la entrevista a las 2 de la tarde. No hubo problema alguno. Recuerdo que le pregunté cómo podía llegar hasta aquel colegio. La clave estaba en el Intercambiador de Plaza de Castilla. Aunque no supieron decirme qué autobuses concretos iban a Tres Cantos. Nos despedimos de una manera cordial. Fue una conversación de unos 4 minutos... 4 minutos un día cualquiera, cómo cambia la vida en tan poco trecho de tiempo, ¿eh?.

Tras colgar, lo primero que hice fue encenderme otro cigarro y mirar al balcón. Mi madre preguntó, yo le conté. Entré, cigarro en mano, a mis clases particulares, cosa que NUNCA había hecho. Corregí las oraciones de la chica muy por encima y la despedí apresuradamente diciéndole que no viniese al día siguiente...

Y empezó el desenfreno de nervios. Lo primero que hice fue buscar el Pinosierra por internet. Vi fotos. Vi su ubicación, apunté la dirección. Después entré en la web del consorcio de transportes de Madrid. Busqué concienzudamente las lineas de bus, las apunté, incluso apunté horarios. Escudriñé una y otra y otra vez el mapa de la zona en la que está el colegio, memoricé las calles en un radio de unos 500 metros. Y lo siguiente, asegurarme de que los horarios de los buses con destino Madrid no habían variado.

Mientras yo hacía esto mi madre hablaba con su hermana (mi tia) para avisarle de que tenía que ir y alojarme en su casa esa noche al menos. Fue extraño. Al colgar la llamada fue como si se activase un protocolo de emergencia que nunca fue ni hablado ni ensayado. Mi madre y yo sabíamos qué teníamos que hacer en cada momento sin ni siquiera haberlo hablado.

Y entre emociones, llamadas, nervios y preguntas. Me embarqué a Madrid en el bus de las 4 del mediodía. Poco equipaje: un par de pantalones, una camisa, un par de polos, zapatos y ropa interior. Suelo recordar mis viajes, mejor dicho, el trayecto de mis viajes por lo que voy pensando o haciendo. De esas 4 horas no recuerdo nada más que verme leyendo y repasando una y otra y otra vez unos consejos de expertos sobre cómo actuar en una entrevista de trabajo que había impreso. Y así llegué a Madrid, de Madrid a Torrejón. Cena, ducha y cama... fue difícil conciliar el sueño aquella noche. Me desperté a las 10 de la mañana, recuerdo que mi prima trajo churros para desayunar. A las 11 me estaba duchando y para las 11,45 estaba cogiendo un bus destino Madrid-Avenida de América. De ahí en metro hasta Pza de Castilla. De ahí en bus hasta Tres Cantos. Y mi mayor preocupación era si iba a saber en qué parada tenía que bajarme. Pero entrando a Tres Cantos pude ver las letras de los alto del polideportivo del colegio y aquello me calmó bastante.  Bajé del bus y hacía un calor infernal. Sudaba a mares. Iba en camisa y se iba a notar. A las 13,15 estaba a las puertas del colegio. Recuerdo que llamé a mi padre al trabajo para describirle lo que se veía desde fuera. Fumaba como un carretero. Fumé 3 cigarros, estaba de los nervios.

Entré y encontré la secretaría. Lo más curioso es que había dos chavales en la puerta y me preguntaron "quién era". Esto lo recuerdo perfectamente, sin pensar y con una seguridad insólita en mí les dije: "vuestro futuro profesor de lengua". Y entré en la secretaria. Dije quien era y a qué venía. Estaba en la agenda. Como había llegado media hora antes de lo previsto era lógico que tuviese que esperar un rato. Agradezco la espera de unos 15 minutos porque pude dejar de sudar y refrescarme un poco. Estuve ojeando anuarios y viendo los rostros de aquella gente que podían ser mis compañeros. Estaban todos tan serios... imponían.

Y entonces el momento esperado. 3 de agosto de 2010, 13:50 horas. El señor que había hablado el día anterior conmigo se presentó con una educación exquisita y me invitó a pasar a su despacho. Me hizo unas cuantas preguntas de cortesía sobre el viaje, sobre mi tierra, y, cómo no, sobre el horrible calor que hacía. Daba la sensación de que esperábamos a alguien y ese alguien llegó: "Él es Don Jorge, nuestro jefe de estudios". Iba a estar presente en la entrevista.

No voy a contar qué me preguntaron pero sí que estaba temblando por dentro aunque por fuera tenía un aspecto totalmente tranquilo. Y tendía a enrollarme en las respuestas a las preguntas que me hacían. Incluso el director del colegio me lo dijo: No se enrolle tanto, por favor, sea más concreto. La única pregunta que recuerdo porque juro que no sabía qué contestar era "¿echaría usted a un alumno del aula?". Aquí me vino de perlas contar cierta anécdota que tuve durante mis prácticas docentes, 3 meses antes. La entrevista acabó y recuerdo que tomó la palabra el jefe de estudios para indicarme las condiciones de trabajo. Y llegó lo más inesperado de todo: no era un trabajo sólo para verano. Iba para quedarme.
Acepté TODAS las condiciones sin dudar, aquello era maravilloso y no me lo podía creer. Y al acabar tuvimos tiempo, unos 10 minutos para charlar de una manera más distendida sobre la labor docente, sobre la naturaleza del colegio, etc.

Y así me hicieron salir del despacho. Me dijeron que esperase un momento. Estaba solo allí. Estuve unos 10 minutos esperando. Confieso que me hubiera encantado tener un micrófono oculto en el despacho para escuchar lo que decían. durante esos minutos. A los 10 minutos salieron ambos: director y jefe de estudios a despedirme. Dijeron que la entrevista había ido muy bien y que tenía muchas posibilidades, pero no podían asegurar nada aun porque les restaba una entrevista aquel día.  Quedaron en llamarme sobre las 4 de la tarde.

Tuve el tiempo justo para llegar a casa y comer algo. A las 4 y pocos minutos recibí la llamada. Mi tía estaba en el salón viendo la tele, me fui a una habitación contigua, ella bajó el volumen y escuchó.

Y fue la noticia que esperaba. Justo recuerdo que dije "entonces ¿mañana voy y firmo el contrato?" cuando en el salón mi tía empezó a aplaudir con fuerza (mientras estoy escribiendo ésto, lo estoy reviviendo y se me caen algunas lágrimas...). En ese momento mi tía llamó a mi madre mientras yo, en mi móvil, no paraba de agradecer al director,don Ignacio, que confiase en mí. Colgué y me senté unos 30 segundos, estaba superado por aquello.

Aquella llamada era el inicio de un cambio que necesitaba, que quería y que siempre había soñado. Llevaba años diciendo mientras estaba en la carrera que yo quería trabajar en Madrid.  El deseo se cumplió y el sueño se hizo realidad.

Aquel fue el mejor regalo de cumpleaños que he tenido. Y cada día desde entonces agradezco, no se a qué ni a quién, que aquello fuese posible. Y cada día agradezco por las alegrías que recibo aquí y por las gentes que he conocido y conoceré.

Un regalo así, será inolvidable durante cada día de mi vida.

:)

PD: Siento haberme extendido tanto, pero como he dicho, a medida que escribía lo revivía en mi cabeza. Además, ¿no echabais de menos un post más personal de mi parte?