Así me siento ahora:

No había en él belleza ni majestad alguna; su aspecto no era atractivo y nada en su apariencia lo hacía deseable. Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, hecho para el sufrimiento. Todos evitaban mirarlo; fue despreciado, y no lo estimamos.

Cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios, y humillado.

Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados.

Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el SEÑOR hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros.

Maltratado y humillado, ni siquiera abrió su boca; como cordero, fue llevado al matadero; como oveja,
enmudeció ante su trasquilador;
y ni siquiera abrió su boca.

En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada...

En un lugar así yacen las esperanzas que tenía contigo...

En un lugar así se pudren los sueños, se agusanan, se corrompen los bellos pensamientos... quedarán los huesos, pero con el tiempo no quedará ni el polvo de esos huesos...

Se acabó... ya no hay nada que hacer, se acabó...

Y otra vez en la casilla de salida, sin dados para jugar.