Así que ¿ya no tienes miedo? Entonces eres libre.

Todos tenemos derecho  una catarsis, a una revelación, a una epifanía a una anagnórisis que lo cambie todo y te reconcilie contigo mismo, con el ser que habías llegado a odiar.
Solo que, a veces, esa catarsis no llega rodeada de luz, pólvora, truenos y sinfonías angelicales o grandilocuentes. A veces solo llega con un gesto tan simple y a la vez tan complicado como mirarse a un espejo.

Lo cierto es que hasta ahora he llevado una vida más o menos cómoda, con altibajos. Conforme pasaba el tiempo, más cómodo me sentía, pero hay veces en las que cae un rayo, otras en las que un golpe de sangre te para el corazón, otras en las que un zarpazo te golpea la cara y te tira al suelo. En ese momento pude elegir poner la otra mejilla, pude elegir contratacar, pude elegir quedarme llorando en el suelo. ´

Mi elección ha sido otra: levantarme y seguir caminando.

Voy a caminar hacia otro lado y a buscar en otra parte lo que, enarbolando el miedo, las mentiras y la impostura, se me intenta arrebatar y me niego.
Van a ser tiempos duros, muy duros para mí haciendo ese camino nuevo. Sin embargo, se que cuento con el apoyo de quienes realmente me quieren o simplemente me aprecian lo suficiente como para desearme lo mejor en todo.

Veréis, he perdido el miedo a perder. Lo he perdido y no me paraliza la idea de la nada porque me he desprendido de la comodidad: he elegido ir por el camino menos transitado, el más pedregoso, el más inseguro; pues se que la meta es más brillante, aunque cueste una vida alcanzarla.

Algunos deberían preocuparse (y mucho) cuando lo sepan: no tengo miedo. Ya podéis quitármelo todo, si queréis. Me da igual, se que sobreviviré. Tengo ante mí las suficientes oportunidades de volver a empezar como para no echarme al suelo y enterrar la barbilla en el pecho mientras lloro. Y si se vieran tentados a devolverme a su redil de temores, simplemente diré "hasta nunca" y me iré. Pero ahora que, por primera vez en mucho tiempo, he dejado de sentir la angustia por la nada, me siento feliz y sobre todo me siento libre.

Me siento libre para enterrar el pasado y poner las miras en algo grande, libre de seguir...

LIBRE DE SER.

Alegoría de los Senescales Altivos.

"Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si en algún lugar no os reciben y no os escuchan, marchaos de allí sacudiéndoos el polvo de la planta de vuestros pies en testimonio contra ellos". Marcos 6, 10-11

¿Quién eres tú?-escuché con voz potente desde el rincón más oscuro de la noche- ¿Quién eres tú?-insistí yo.
-YO SOY y ante ti dispondré y actuaré conforme SOY.
En ese momento me sentí atrapado por una ola. Fui transportado a un mundo más allá del mundo. Una dimensión más allá de la gnosis.
De repente me vi rodeado de los muros de un castillo con cinco puertas. Vi legiones enteras de caballeros entrando por la puerta del sur y saliendo a las batallas por la misma. Solo que a medida que cada vez menos volvían de las batallas. Y en el interior del castillo una sala de madera roja y al fondo el señor del castillo envuelto en el humo de negros incensarios.
Los caballeros volvían de sus batallas y rendían homenaje a su señor, en su trono de madera y humo. Pero el señor les volvía la cabeza y les despreciaba.
En ese momento aparecieron cinco senescales frente al trono que escudaban con sus propios cuerpos el trono de su señor. Reían sus gracias y alababan con hipérboles su clarividencia en el cuidado de su reino, sabiendo que era mentira.
El primero de ellos lucía una máscara de terciopelo blanco ocultando su verdadero rostro carcomido por la lepra. Y de este senescal leproso no salía nada que fuera ni útil, ni real, ni valiente. Pues su única preocupación era que su máscara no dejara ver su verdadero rostro.
El segundo de ellos era el más fiel al señor del castillo y de quien no salía sino crueldad. En su mano llevaba un látigo largo hecho con sus propios cabellos.
El tercer senescal era un arribista venido a más y sin más miras que sus propios asuntos que despachaba conforme a su falta de entendimiento.
El cuarto senescal era el senescal mudo, su propia mirada fingía ser la de un caballero noble y curtido en mil batallas, pero no lo era. Permanecía oculto para todos en la parte más sombría frente al trono e incluso estaba oculto para sí mismo. Hasta tal punto que había olvidado su propia naturaleza. Triste y desgraciado hombre que había olvidado quién era.
Y el quinto senescal era el senescal jorobado,  incapaz de contrariar los deseos de su señor e incapaz de contener por sí mismo el malcontento de los caballeros. Siempre miraba al suelo hasta tal punto que le creció la joroba que tenía. Un pobre infeliz cuyo valor estaba oculto en lo más profundo de sí, sin embargo aun latía con fuerza y vida en sí mismo. Por ello, era el único senescal que mostraba algo de compasión y buen juicio.
Entonces vi como en el salón de madera los caballeros se prosternaban y agachaban la mirada mientras el señor pasaba a su lado. Y sin mediar provocación ni juicio el señor cortó la cabeza a la mitad de los caballeros alojados en la sala e Inmisericordia aplaudía sus actos con gran regocijo. El resto de senescales procuró calmar la ira absurda de su señor pero en seguida fueron apartados y despreciados por él. Y tras un día el señor volvió a pasearse por el salón cortando la cabeza a la mitad de los restantes caballeros. Y pude ver como los cuatro senescales, menos el más leal, el que aplaudía las masacres de su señor,  se rebelaban contra él, pero este reía a carcajadas y hacía visajes con su cabeza.
Entonces escuché como los senescales rebeldes intentaban aliarse con los caballeros, pero estos los despreciaron por todos los desprecios que ellos les mostraron antes. Y los senescales quedaron solos intentando derribar del trono a su señor. Pero pronto se dieron cuenta que ninguna conjura, ninguna acechanza que tendieran contra él serviría de algo, pues ya era tarde.
Y así fueron desterrados del castillo sin posibilidad ni de perdón ni de remisión. Y a grandes gritos recorrían el mundo diciendo: "Ay de nosotros, desdichados, que pudimos hablar y callamos, que pudimos hacer y nos negamos, que pudimos vencer y nos dejamos. Miradnos ahora en nuestra miseria".
Entonces aquel que me llevo a ver esas visiones me dijo: "Guárdate de ellos. Tan dulces como la miel serán sus palabras ahora que se ven al borde de sus peores miserias, pero no olvides cuál de ellos mostraba misericordia, aunque sea oculta y redímele por sus acciones".

Es la hora: estáis preparados, estoy preparado.

Hacía bastante tiempo que no actualizaba este blog, pero, francamente os digo que ha sido algo muy intencionado. Quería reservarme para este post. Un post especial y profundamente sincero.
Hay cosas que, en el master de profesorado, no enseñan. Y una de ellas es cerrar una etapa.
Este viernes tiene lugar esa ceremonia en la que se dice adiós a otro grupo más de 2ºBach. Ya he expresado más veces lo que para mí significaba ese hecho y lo orgulloso que me sentía de los "graduandos".
Esta vez es diferente. Los alumnos a los que el viernes despedimos (a medias, todavía faltan finales y algunas clases de pre-PAU) son para mí especiales. Fueron los primeros a los que acompañé desde 2ºESO. Los he visto crecer, muy a mi pesar, salvo dos o tres casos, de ser yo el que les sacaba una cabeza, a ser ellos los que me saquen una... e incluso dos. No miro a nadie. E incluso con algunos he tenido clases desde ese 2ºESO hasta 1ºBachillerato. Qué pena y a la vez qué alivio de no haberos tenido en 2ºBachillerato.
Tópicos y más tópicos aun, ¿verdad?
Vale, iré al grano.
Vosotros sois el mejor recuerdo que tengo como profesor.
Sí, es verdad y nunca se lo he dicho a nadie tan claramente: en todos los momentos que, como profesor, he tenido de profunda felicidad habéis estado muchos de vosotros.
De TODOS tengo, al menos, una historia en la que pienso y me río y me reconforto en esos breves, pero intensos momentos, en los que pierdes el norte profesional (sí, los profesores somos humanos, más humanos incluso que el resto de humanos a veces).
Y esto, creedme, no se ha conseguido en el aula, no todo al menos. En un 80% o más, se ha conseguido en esos momentos de patio en los que, u os acercabais y me rodeabais (por favor, lo del "piña-piña" dando saltitos a mi alrededor me hace querer meterme bajo tierra y no salir, evitadlo, por Dios, que soy mucho más vergonzoso de lo que parece) o yo me acercaba, que también. Por cierto, cómo me encanta cuando venís a saludar, preguntar y hablar. En muchas ocasiones me habéis reconducido un día un poco regular solo con eso.
Ahora llegaría el topicazo de "me da pena que os vayáis", pero no.
Por primera vez me siento muy contrariado. Me siento muy feliz de que os vayáis, de que vuestra andadura en el colegio haya terminado, porque sé lo que os espera fuera: el mundo. Y estáis preparados para el mundo, aunque aun os faltan unas cuantas lecciones que, lamentablemente, aprenderéis en su mayoría a vuestro pesar. Pero nunca olvidéis lo que más de una vez os he dicho: esas son las cosas que merece la pena aprender, las que vienen a nuestro pesar. Porque son las que dejan poso y te configuran.
Me siento profundamente alegre y profundamente orgulloso de decir: estos hombres y mujeres han sido mis alumnos y son la mejor muestra de lo que las personas deberían ser. Y quien diga lo contrario me encuentra. Y no me refiero tanto a lo académico, sino sobre todo por vuestro carácter, sois lo mejor que ha pasado por mis aulas.
Vosotros estáis preparados, porque creo, profundamente, que estáis destinados a la felicidad. Y siendo un poco más egoísta, estoy preparado para deciros ese "hasta luego" que toca decir.
Aunque no pueda imaginarme el colegio sin vosotros, sin cada uno de vosotros, tiene que ser así. Y ese será el motivo por el que, probablemente, se me escape alguna lagrimilla en vuestro acto (enseño literatura, ¿qué esperabais?) Da igual, después me acordaré de algunos de esos momentos que mencionaba arriba y me pondré a reír. Contrariedad de contrariedades. Todo contrariedad.
En el Libro de Alexandre, uno de los mayores exponentes del Mester de Clerecía del siglo XIII, Alejandro Magno le decía a Aristóteles algo así como "tú eres mi maestro y por ti se clerecía". Me gustaría cambiar la cita, ya que "vosotros fuisteis mis pupilos, por vosotros adoro la clerecía".
Quisiera acabar dándoos las gracias. Unas gracias sonrientes, de las que se dan después de un gran favor, de los que te cambian la vida. Un gracias por ser como sois. Por haberme hecho tan feliz como me habéis hecho. Por esas horas que se pasaban volando. Por lo que me habéis hecho reír, aprender, pensar y disfrutar. Porque, no lo olvidéis, sois mi mejor recuerdo docente. Y sobre todo, por ser el tesoro que un profesor, que dejó toda una vida atrás, encontró y siempre conservará.

HASTA SIEMPRE y GRACIAS

Ella

Es solo otra noche de domingo. Las calles están vacías y ha empezado a nevar. Hay algo muy inquietante en las noches con nieve. Arrastran un silencio sepulcral. 
Una noche en blanco y negro, sin duda. Este sitio no conoce el color. 

Camino despacio dejando que los copos acaricien mi cara. Son suaves, como la caricia de una mujer, de esa mujer, de Ella. Caricias envenenadas.
La nieve acumulada cruje a mis pies. Y por mucho que lo intente no puedo evitar recordar tus caricias.
Fuiste mi presente, eres mi pasado. Parece que te veo al final de la calle, emanando el resplandor de un ángel. Pero no eres tú. Es solo producto de mi mente. Algo que tengo que evitar.
Disciplina, chico, disciplina mental. 

Aquella imagen al final de la calle no desaparece. Ahora distingo con mayor claridad el abrigo azul que siempre llevabas. Lo único coloreado en este mundo bicolor. Ojalá seas una visión. No podría aguantarlo otra vez.

No, no eres una ilusión. Estás ahí mirándome y sonriéndome. Me acerco a ti. No nos decimos nada. Tomo entre mis manos un poco de tu cabello y lo agarro con delicadeza. Ahora te miro a los ojos y me dejo caer. 

Tu beso es una promesa del paraíso. El sabor de tu lápiz de labios y del cigarro que has apagado mientras me acercaba. Tu perfume de jazmín y el recuerdo de los viejos tiempos, los malos tiempos. 

Ahora las caricias de la nieve me resultan gélidas.
Te quiero, Ella.

El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos.

*AVISO: ESTE POST CONTIENE SPOILERS Y NO AVISARÉ CUÁNDO VAN. SI LEES ESTE POST SIN HABER VISTO LA PELÍCULA, ES BAJO TU RESPONSABILIDAD*

Empezaré reconociendo un gran, grandísimo error por mi parte. He ido a ver esta película esperando algo. Nunca se debe ir a ver una película que deseas ver esperando algo, acabas decepcionado. En mi caso el grado no llegaría a decepción, pero sí, quizás a indiferencia. La película, en resumen, me ha dejado tibio tirando a frío.
Y el lector se preguntará ¿y qué esperabas? Muy simple: un nuevo "El retorno del rey". Cuando, hace ya 11 años, vi "El retorno del rey", me quedé pegado en el asiento e incapaz de reaccionar ante semejante epopeya, grande y majestuosa en cada uno de sus matices. Una película que me dejado en un, casi, estado de shock. Con la que, sin darme cuenta, limpié una lágrima furtiva en las arengas de Theoden en los campos del Pelennor y de Aragorn ante la Puerta Negra y reprimiendo el impulso de levantarse en el cine a gritar "¡MUERTE!" y aplaudir. Con la que sentí cómo, al igual que Frodo, una parte de mi vida se marchaba a esa tierra imperecedera e inmortal más allá del mar. Supongo que ver "La batalla de los cinco ejércitos" desde una perspectiva adulta también ha sido un error, aunque el final sí me haya dicho mucho: soy un hobbit que, algún día, puede volver a Hobbiton, siempre contra mi voluntad.
Pero vayamos a la película y a comentar diversas partes. Procuraré no extenderme mucho.
En general diré que hasta la batalla (la madre de las batallas, en cuanto a su duración) mantenía esa esperanza, a la que antes hacía mención, viva.
El comienzo es trepidante, quizá demasiado súbito. He echado de menos un mini prólogo antes de la secuencia (buenísima) de Smaug reduciendo a escombros y ceniza la Ciudad de Lago. ¿Qué hubiera puesto yo de prólogo? A Thorin, todo gira en torno a él en esta película y todos los acontecimientos son provocados por él. Thorin viendo salir a Smaug hacia Lago, momentos antes de finalizar la película anterior, y al resto de enanos y Bilbo corriendo fuera a ver qué pasará mientras él se gira y camina hacia el tesoro de los enanos. Y sólo un plano en el que su cara refleje la locura incipiente. Sólo eso. Un minuto, a lo sumo dos de película y después volvemos ya a Lago instantes antes de su destrucción.
Muy buena la destrucción de Lago a manos de Smaug. Me ha gustado mucho esa secuencia. Sólo un "pero": Stephen Fry se merecía un final más chulo que el de ser aplastado por el dragón. Pero bueno, ese es un pero.
Y ahora vayamos con Alfie, el leal, cobarde y corrupto consejero del (difunto) gobernador. Muy innecesario, no sé si soy yo, pero creo que los guionistas no sabían cómo acabar con ese personaje y le han tenido pululando por diferentes escenas hasta casi el final de la batalla sin NADA que aportar, más que algún gag un poco forzado. Por supuesto no merecía morir (y no muere, cosa que me parece bien puesto que no es un "Grima, lengua de serpiente"), pero tampoco ser estirado hasta el hastío. Debería haber cogido su cuenco de monedas y haberse largado mucho antes.
Todo el trecho que hay entre el final de Smaug y la batalla está ocupada por dos historias paralelas que, casualmente han sido lo que más me ha gustado de la película.
La primera una soberbia recreación de la expulsión de Sauron de Dol-Guldur. Muy, muy grande. De esta no diré nada más porque merece la pena dejarse encantar por ella.
La segunda es la construcción de la enagenación transitoria de Thorin. Shakespeareana, muy shakespeareana. Veía en Thorin un Otelo consumido, no por los celos como el moro de Venecia, sino por la codicia. A mi juicio una gran interpretación de Armitage.
Y vayamos a la batalla. Larga. Visualmente una virguería. Pero muy larga. Aunque también es cierto que cuando ha empezado la batalla he empezado a sentir la necesidad de evacuar líquidos, con lo que también sumo cierta impaciencia por mi parte. Habrá que verla de nuevo con la vejiga vacía, o al menos con un baño más cerca.
El detalle de las señales visuales desde el alto mando de los orcos durante la batalla me ha gustado.
¡Ah! y quiero suponer que en la versión extendida, profundizarán más en el personaje de Dain, pie de hierro. No porque sea mi favorito, ni mucho menos, sino porque aparece, desaparece y alguien que no sepa mucho de la historia no sabrá que es él el que, tras las muertes de los entronizables, hereda la corona de "Rey bajo la Montaña". Pero quiero suponer que sí lo mencionarán, al menos, en la versión extendida.
Las muertes son buenas, me gustan. La de Fili rápida, la de Kili sin sentimentalismos excesivos y la de Thorin muy digna, aunque bendita manía la que tienen los señores cineastas en hacer algo que suelo odiar mucho, que es hacer hablar a los moribundos. Y la muerte de Tauriel... ¡SORPRESA! ¡NO MUERE!. Creo, ahora más en frío, que Peter Jackson sabría que debíamos esperarnos la muerte de la elfa y por eso no la mata. Si es por eso, le diré, señor Jackson, que me descubro ante usted. Ha conseguido sorprenderme.
Y el final. Así como la batalla ha sido demasiado larga, el final demasiado rápido (a pesar de lo que mi vejiga opinase). Un final de unos... ¿10 minutos? La sensación que tengo es de imaginarme a Peter Jackson diciendo a todo el equipo "venga, va, acabemos rapidito que nos cierran el super". Aunque genial los lazos que unen esta trilogía con la del Señor de los Anillos, el inesperado (y genial) inicio de la búsqueda de Legolas de un joven dúnedain llamado "Trancos". Y por supuesto algo que me encantó de la primera película y es el enlazar la trilogía justo con el principio de La Comunidad del Anillo, el día de la fiesta de cumpleaños de Bilbo. Con la llegada de Gandalf. Eso me ha parecido muy bueno.
En fin. Creo que tengo que procesar aun si realmente me ha gustado o no. Por ahora, debido a lo que he contado al principio, mi sensación es más de un "meh" que de un "wooo" hablando en onomatopeyas.
Aun así, es una película que hay que ver.

Pero como última vez que veremos la Tierra Media en cine... "meh".

Fue un sueño... ¿o no?

*Para una mejor experiencia, se ruega a los lectores pongan como fondo la música del siguiente link, gracias* https://www.youtube.com/watch?v=us1C1DHoho4

Jamás me he permitido volver a recordar lo que sucedió aquella noche. Me prometí a mí mismo que lo olvidaría. Pero supongo que, en cierta medida, será terapéutico contarlo, si bien no es una historia agradable ni el relato está hecho para aquellos que sean impresionables. Se harían un favor a sí mismos cerrando esta página y buscando algo más complaciente con su ánimo.

No era una noche especial, ni un aniversario. Ni siquiera la típica noche de tormenta y lluvia. Era una noche de septiembre. Algo más calurosa de lo habitual, por lo que había que desprenderse en gran medida de sábanas y prendas para poder dormir con comodidad.

Y así hice. Me tumbé sobre la cama y esperé que el sueño hiciera presa de mí. Como era de esperar, me quedé dormido no sé en qué punto. Pero dormido estaba.

Algo me despertó de golpe. En varios segundos tuve la oportunidad de hacerme consciente de que aquello que me despertó fue el grito propio de los que se ahogan. Un grito a medias, se podría decir. Varios segundos después intentaba racionalizar el hecho y decirle a mi cuerpo que lo que había escuchado no era más que pura fantasía provocada por el sueño que acaba de repente. Y tras varios minutos que empleé a fondo en calmar mis latidos, volví a cerrar los ojos.

El frescor propio de la madrugada empezó a invadirme y decidí cubrirme con la sábana. Pero a los pocos minutos empecé a sentir que ese frescor se convertía en frío, un frío que se convirtió en helada. Una helada que solo se localizaba en una rodilla, la derecha. Extrañado por el hecho abrí mis ojos. El frio se esfumó de golpe. Aquel hecho me inquietó y volví a cerrar mis ojos. Pocos segundos tardé en volver a sentir ese gélido frío en mi mano derecha. Volví abrir los ojos...

Nada.

Mi mente racional había empezado a sucumbir a la sugestión. Al hecho primario de nuestro subconsciente que la racionalización científica de los hechos ata con firmeza. Me levanté de la cama y paseé por la habitación. Salí a la terraza y encendí un cigarrillo. Eran las 2 de la mañana. Sorprendentemente pronto. Más aun cuando se desea la luz del día con fuerzas. En el silencio me percaté de que los vecinos de arriba aun estaban despiertos. Al menos uno de ellos pisaba con paso lento. En el silencio de la noche, los pasos de un ratón se convierten en una suerte de taconeo.

Tiré el cigarro y volví a la habitación que tenía ahora una temperatura helada toda ella. El frío no era natural y menos cuando hacía unos 15 grados en el exterior.
Nada se movía, todo parecía haberse detenido en el tiempo. Ni un sonido más. Me tumbé en la cama y me decidí a dormir de una vez por todas. Mi espacio aun estaba caliente. Me aferré a él y me cubrí con la sábana, aquel frío no era natural. Estaba decidido a cubrirme con la colcha cuando fui incapaz de atraerla a mí. Como si algo la hubiese atrapado. Me incorporé para cogerla. Tiré de ella con fuerza. Una mano blanca, veloz y repentina la agarró.

Un grito se ahogó en mí y corrí gateando hacia la otra punta de la cama. Me encogí y sin parpadear, fijé mi vista en aquel lugar donde apareció aquella mano blanca. No pasaron más que unos pocos segundos cuando mi visión periférica notó un movimiento justo a mi lado... Tenía tanto miedo que no me atreví a mirar directamente. Pero allí había algo. Un rostro pálido me escrutaba sin parpadear. Una mirada tan negra y profunda que parecía no tener ojos y a pesar de ello me observaba... el rostro de una mujer sin ojos... Y entonces la miré directamente.

Desperté. Era ya de día. El sol entraba por mi ventana a raudales. Todo había sido una pesadilla. Yo había despertado de espaldas a la ventana... No... el sol no entraba a raudales. Una sombra se interponía en su camino.

Me giré y mi rostro se desencajó. Mi grito resonó en mi habitación.

En la ventana, colgando muerta de una cuerda, me miraba el rostro de una mujer sin ojos.

Adiós

Esperabas en un muelle. Era uno de esos atardeceres de junio, dorados y ambientados por una brisa con olor a mar.
Me acerqué a ti paladeando los pasos que nos separaban, como queriendo prolongar lo inevitable años. Nunca olvidaré en cuánto me fijé en tu camisa blanca resplandeciente, desabrochada excepto en los botones centrales. Tu pelo se movía con pereza por la brisa. Tu mirada al fin se fijó en mí unos instantes.

Una sonrisa se dibujó en tu cara, era una de esas sonrisas que hacen aparecer arrugas en los ojos. Nunca la olvidaré. Dejaste de desamarrar los cabos de tu barquito y viniste a mí.
Los dos nos acercábamos poco a poco, tú también parecías querer prolongarlo. Cuando estuvimos frente a frente me acariciaste el pelo. Sobraban las palabras. Era la hora de despedirnos pero ninguno de los dos parecíamos dispuestos a decirnos nada. No podía apartar mis ojos de los tuyos. Y entonces una lágrima se escapó de mis ojos. Rehuí la mirada y agaché la cabeza para empezar a llorar. Tú levantaste mi barbilla. Esperaba que me dijeras "tonta" pero no lo hiciste, solo secaste mis ojos con tus pulgares sosteniendo mi cabeza. Supe que te quería besar y tú también lo supiste. Porque aún sin palabras los enamorados somos capaces de hablarnos. No puedo recordar cuánto tiempo tardamos en unir nuestros labios, pero paladeé cada milésima. Y es que supe en aquel momento que aunque iba a echar de menos tus besos, echaría mucho más de menos esos instantes en los que, con los ojos cerrados, los esperaba. No podría explicar cuánto fue dicho con aquel beso. Pero lo que no fue dicho con él, fue dicho con el abrazo con lo siguió. Escuché tus latidos y supe que nunca querría quitarme tu sonido de mi cabeza. Y entonces nos separamos y te hiciste a la mar. Te dije adiós sin dejar de escuchar tu latido en mi cabeza.

Tu mirada se fijó en mí unos instantes y rápido volviste a la faena de desatar los cabos de tu embarcación... Ojalá todo lo que acabo de imaginar hubiese sido real. Tus ojos, tus pulgares en mi cara, tu beso, tus latidos... Soy una chica tonta por haberme escondido de ti, por haberte querido en secreto. Y ahora, tengo que ver, impotente, cómo te alejas de mí para siempre, y cómo la oportunidad de haber vuelto a amar a alguien se va contigo. Mejor así. Nunca habría conseguido nada.