Daydreaming

Es curioso cómo el tiempo se acelera cuando estás en un lugar familiar, un lugar en el que te gusta estar. Y aquí estoy, otra vez en la casilla de salida de un nuevo curso ilusionante y, como siempre, con temores de muchas cosas.

Han sido unas buenas vacaciones, bien aprovechadas al menos. He descansado y he pisado lugares que hacía años no pisaba y me apetecía volver a pisar: Mérida, Guadalupe, la ruta de los pantanos...

Y el cementerio... sí, el cementerio. Ese lugar donde todos nos reencontraremos en unos años. A mí me parece un lugar de lo más inspirador. Un lugar que, al contrario de lo que nos parece a todos, a mí me inspira ganas de vivir. Un cementerio es un lugar donde los que reposan en restos te gritan en silencio que estás llamado a VIVIR. Siempre que he ido me fijo en nombres, en fechas, en fotos y siempre acabo pensando en la cantidad de historias que dejaron atrás, en las palabras que les faltaron por decir, los recuerdos que se llevaron a la nada. La reflexión más genial de ese momento la hizo mi padre con su habitual espontaneidad al pensar en alto: "Hay que joderse, cada vez conozco a más gente que está aquí". Sobran las palabras, que cada uno saque sus conclusiones, yo ya he sacado las mías.

Poco a poco he ido concluyendo que este mes de vacaciones y esas escapaditas a esos lugares tan mágicos de mi querida Extremadura han sido todo un viaje en la reflexión del "Carpe diem". Primero la naturaleza en la ruta por los pantanos. Unos lugares estos con una fuerza impresionante: miles y miles de hectáreas de agua, arboledas y animales:  la naturaleza en estado puro, nuestra madre.
El silencio de las ruinas milenarias del mayor imperio que pisó esta tierra en Mérida. La muestra de que incluso lo más grande está condenado al olvido, a la fragmentación y a la muerte.
Y por último las personas que vivieron gritándote, como antes dije, en su paz eterna. Con sus historias, sus nombres, sus vidas convertidas en ruinas y convertidos en naturaleza, nuevamente.

Hay meses, como este, por los que vale la pena estar fuera... sólo para poder regresar y valorarlos más.

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