Nuestra abuelita, la cuentacuentos
Viendo el periódico esta mañana me emocioné al ver a una abuelita en su silla de ruedas y profundamente emocionada ante el calidísimo y merecidísimo aplauso que le daba un audiotorio lleno de autoridades. Y es que, a mi parecer, Ana María Matute es la abuelita de todos los que de mi generación soñamos con ser escritores, con alcanzar una micra de la trascendencia en la historia de nuestras letras que ella ha conseguido. Sí, una abuelita que desde pequeños nos daba sus obras para que nosotros las leyéramos, no nos las contaba a los pies de la cama, no, se sentaba a mirar cómo nos emocionábamos leyendo sus "mundos posibles". Y cuando ya somos mayores, de repente, nos entrega su legado. Una herencia recogida en su discurso de recepción del Premio Cervantes que (por fin) le ha sido entregado. Un discurso majestuoso y gigantesco. El rey de los discursos, en mi opinion. Un emperador que acaba así: "Y me permito hacerles un ruego: si en algún momento tropiezan con una historia...