Tercera Revelación

"... y no abrió la boca, como un cordero llevado al matadero, como una oveja ante el esquilador..."

Isaías 54.

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Poema del Justo


¡Oh Revelador! No puedo quitar de mi cabeza
las imágenes que me has mostrado.
La crueldad y la humillación son tus caminos.


He aquí que has mostrado al Justo revelado ante las naciones,
hiciste para él un hueco entre los impíos y las almas corruptas,
lo probaste con las más duras pruebas y no mostraste piedad.

Yo lo vi sentado a la diestra de los traidores, enmudenciendo;
preparas para él un gran martirio en su espíritu
dejando su carne intacta.
Pues tú sabes, Revelador, que las heridas del ánima perduran,
y las de la carne fácilmente se curan con los días.

Los traidores conspiraron a sus espaldas
y se ocultaron en el manto de la noche,
le ofrecieron su abrazo
y el Justo los estrechó como hermanos.

Maquinaban sus planes en los abrazos
y corrompieron su pureza de intenciones;
escupieron sobre su humildad y lo convirtieron en humillación.

Lo entregaste a los malhechores, lo abandonaste a los lobos,
dejaste que fuera abofeteado y pisoteado por los impuros
y no lo levantaste ni te doliste de sus terribles gritos.

Atravesaste su corazón con dagas al rojo y se lo quemaste,
y el dolor del Justo fue tal que no pudo ser considerado humano.
Abriste para él las puertas de la desesperación y no oiste sus súplicas.
Abandonado por los inocentes y negado por los puros.
Lo expusiste ante todos y al verlo meneaban la cabeza.
Los traidores se regocijaban ante su triunfo y no enfureciste.

Apartaste tus oidos de sus quejas y los traidores se burlaban de él,
le escupían y le insultaban, le tomaban por loco y le asqueaban,
y tú, ¡oh Revelador!, no mostraste tu ira.

Le fijaron como objetivo de sus vejaciones,
les pareció inservible, deforme y abandonado de la Gracia.
Le reprochaban su amor y le pegaban.
Como el perro de un cazador ahorcado de una encina.
Y su lamento se perdía entre sollozos.

Le veían como ajusticiado en un camino
del que tomar terrible ejemplo.
Aún vivo no le ayudaron. Y así le inmolaste.

Pero lo levantaste por vez primera, ¡Revelador!.
Lo levantaste y le hiciste fuerte, le envolviste de majestad
y de los cetros de los reyes de los hombres.
Le pusiste al mando de las legiones y le condecoraste con honores.
Le pusiste más alto que a ti mismo y le adoraste con reverencia.
Colocaste en su cabeza el laurel eterno y las joyas más exquisitas.

Y así le revelarás ante los traidores
y ellos volverán su vista con rabia y rechinar de dientes.
No habrá profunda cueva donde puedan escapar de su gloria.
Y ellos se quitarán la vida que a él le quitaron,
se arrodillarán y el Justo les pisará la cabeza como hormigas.

Y así le revelarás hasta el día eterno.

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